martes, 2 de octubre de 2012

Los Suicidas


La estación de tren está que explota de gente, parece un hormiguero lleno de seres inquietos, violentos y ponzoñosos que no tienen ni un dejo de paciencia. Julia llega apurada y ante la escena se pone nerviosa.

-Disculpe. ¿Qué pasó?.-Pregunta a un transeúnte.

-Y bueno, están los bomberos… ¿usted qué se imagina? -La respuesta va acompañada de una mirada un tanto molesta.- Otra suicida. Increíble, ya van tres esta semana.

Cuando llega Norber le comenta:

-Viste, otra suicida.

Rápido Norber sugiere:

-¡Ya! Vayamos a tomar el Bondi.

-¡No, pará! –dice Julia con énfasis.- Quiero saber un poco más. Es el tercero en la semana.

-Qué morbosa. ¿Qué querés saber? ¿Si la conocías?

-No sé, tanto me da un poco de miedo, pero me encanta la idea del suicidio en hora pico.

-Vos estás loca. –Dice Norber pero se queda escuchando atento la explicación o a la justificación que su amiga seguramente tiene preparada.

-Primero me imagino que si llegás a la instancia de tirarte debajo del tren es porque merece la pena. –y agrega no muy convencida.- Tendría que tener una gravedad tal que provocara tanto dolor que sólo el golpe seco de la máquina pudiera borrarlo del planeta, como un sacrificio pagano que acallara la ira de un dios malo y vengativo.

Norber se ríe divertido, escucha atento pero cuando su amiga hace una pausa le dice: -Chapa, vos estás re chapa.

Julia también ríe un poco, pero no tanto, la melancolía tiñe rápidamente la sonrisa.

-Pensalo bien. ¿En qué situación tomarías semejante decisión? A mi me daría miedo. Lo que quiero decir es que se necesita coraje para dar ese primer paso que te ubica en el momento preciso frente a la máquina.

Norber se pone serio: -No pienses en esas boludeces… me asustas cuando hablás así.

-En serio, Nor, imaginate lo peor que te pueda pasar en la vida, en que situación debería estar uno para hacer algo así. ¿Enfermedad terminal? Si igual te vas a morir, al menos viví lo que te queda a puro rocanrol. ¿Te dejó tu marido o esposa? Ya te dejó, y con suerte conseguís algo mejor o aprendés de la experiencia. ¿Te quedaste sin laburo, perdiste todo en el casino? ¿Se te murió un hijo?

Julia se pone más seria aún y una nube le cubre el rostro, sus ojos se opacan, su mirada se pierde en las innumerables inmundicias que yacen junto con las piedras que separan una vía de la otra. Norber desesperado trata de cambiar de tema: -¿Fuiste a verla a Charito?… acaba de nacer su segunda hija, es preciosa, pesó tres kilos doscientos cincuenta la gordita, y Charito está chocha…

Julia seria asisentecon la cabeza pero su mente está en otro lado y Norber no puede hacer nada para traerla de regreso. Pasan así cinco eternos minutos y después vuelve en si y le dice a su amigo: -Qué lindo el nacimiento de un hijo. Pero creo que el único motivo de dolor absoluto que a mi me impulsaría a tirarme debajo del tren es la muerte de un hijo. Sí.

Norber un poco más aliviado pero arrastrando la ese de la primera afirmación contesta no muy convencido:

-Sí, si. Es cierto, es lo único, sería el único motivo posible, creo. Es cierto también que es más visceral la pérdida de un hijo para ustedes que para nosotros. Es que no es natural que sobrevivas a tus hijos, pero qué pasa con la otra gente que te quiere y te sobrevive. ¿Qué tipo de consuelo les queda a ellos, qué van a hacer… tirarse debajo del tren con vos?

-¡Qué bolas que sos! No, obvio que no, pero si te quieren deberían entender y dejarte hacer, -A Julia se le ponen los ojos vidriosos.- porque la que sufre sos vos… digo.

-Juli, no, no te pongas así.

-En una semana se tiraron debajo del tren tres personas, tres historias, tres vidas llenas de parientes, gente dolida,… o no… capaz que la soledad los impulsó a hacerlo. Capaz que esta mujer que se suicidó hoy, que se tiró debajo del rápido, en hora pico, lo hizo por soledad, porque no tenía a nadie que la llorara y lo hizo para que al menos todos los pasajeros que viajan a esta hora la puteen, la odien, para poder, al menos en su último acto, generar algún tipo de reacción, sentir en ese segundo antes del impacto y a la fuerza que su vida generó algo en alguien, aunque sea molestia…

Norber no pudo hablar más. Agarró a su amiga por los hombros y caminando despacio con respeto hacia la desconocida desparramada en las vías, se alejaron con rumbo a la parada más cercana resignados a aguantar la espera, el retraso, los apretujones y protestas de los demás pasajeros.