La estación de
tren está que explota de gente, parece un hormiguero lleno de seres inquietos,
violentos y ponzoñosos que no tienen ni un dejo de paciencia. Julia llega
apurada y ante la escena se pone nerviosa.
-Disculpe. ¿Qué
pasó?.-Pregunta a un transeúnte.
-Y bueno, están
los bomberos… ¿usted qué se imagina? -La respuesta va acompañada de una mirada
un tanto molesta.- Otra suicida. Increíble, ya van tres esta semana.
Cuando llega
Norber le comenta:
-Viste, otra
suicida.
Rápido Norber
sugiere:
-¡Ya! Vayamos a
tomar el Bondi.
-¡No, pará! –dice
Julia con énfasis.- Quiero saber un poco más. Es el tercero en la semana.
-Qué morbosa.
¿Qué querés saber? ¿Si la conocías?
-No sé, tanto me
da un poco de miedo, pero me encanta la idea del suicidio en hora pico.
-Vos estás loca.
–Dice Norber pero se queda escuchando atento la explicación o a la
justificación que su amiga seguramente tiene preparada.
-Primero me
imagino que si llegás a la instancia de tirarte debajo del tren es porque merece
la pena. –y agrega no muy convencida.- Tendría que tener una gravedad tal que
provocara tanto dolor que sólo el golpe seco de la máquina pudiera borrarlo del
planeta, como un sacrificio pagano que acallara la ira de un dios malo y
vengativo.
Norber se ríe
divertido, escucha atento pero cuando su amiga hace una pausa le dice: -Chapa,
vos estás re chapa.
Julia también ríe
un poco, pero no tanto, la melancolía tiñe rápidamente la sonrisa.
-Pensalo bien.
¿En qué situación tomarías semejante decisión? A mi me daría miedo. Lo que
quiero decir es que se necesita coraje para dar ese primer paso que te ubica en
el momento preciso frente a la máquina.
Norber se pone
serio: -No pienses en esas boludeces… me asustas cuando hablás así.
-En serio, Nor,
imaginate lo peor que te pueda pasar en la vida, en que situación debería estar
uno para hacer algo así. ¿Enfermedad terminal? Si igual te vas a morir, al
menos viví lo que te queda a puro rocanrol. ¿Te dejó tu marido o esposa? Ya te
dejó, y con suerte conseguís algo mejor o aprendés de la experiencia. ¿Te
quedaste sin laburo, perdiste todo en el casino? ¿Se te murió un hijo?
Julia se pone
más seria aún y una nube le cubre el rostro, sus ojos se opacan, su mirada se
pierde en las innumerables inmundicias que yacen junto con las piedras que
separan una vía de la otra. Norber desesperado trata de cambiar de tema: -¿Fuiste
a verla a Charito?… acaba de nacer su segunda hija, es preciosa, pesó tres
kilos doscientos cincuenta la gordita, y Charito está chocha…
Julia seria asisentecon
la cabeza pero su mente está en otro lado y Norber no puede hacer nada para
traerla de regreso. Pasan así cinco eternos minutos y después vuelve en si y le
dice a su amigo: -Qué lindo el nacimiento de un hijo. Pero creo que el único
motivo de dolor absoluto que a mi me impulsaría a tirarme debajo del tren es la
muerte de un hijo. Sí.
Norber un poco
más aliviado pero arrastrando la ese de la primera afirmación contesta no muy
convencido:
-Sí, si. Es
cierto, es lo único, sería el único motivo posible, creo. Es cierto también que
es más visceral la pérdida de un hijo para ustedes que para nosotros. Es que no
es natural que sobrevivas a tus hijos, pero qué pasa con la otra gente que te
quiere y te sobrevive. ¿Qué tipo de consuelo les queda a ellos, qué van a
hacer… tirarse debajo del tren con vos?
-¡Qué bolas que
sos! No, obvio que no, pero si te quieren deberían entender y dejarte hacer, -A
Julia se le ponen los ojos vidriosos.- porque la que sufre sos vos… digo.
-Juli, no, no te
pongas así.
-En una semana
se tiraron debajo del tren tres personas, tres historias, tres vidas llenas de
parientes, gente dolida,… o no… capaz que la soledad los impulsó a hacerlo.
Capaz que esta mujer que se suicidó hoy, que se tiró debajo del rápido, en hora
pico, lo hizo por soledad, porque no tenía a nadie que la llorara y lo hizo
para que al menos todos los pasajeros que viajan a esta hora la puteen, la
odien, para poder, al menos en su último acto, generar algún tipo de reacción,
sentir en ese segundo antes del impacto y a la fuerza que su vida generó algo
en alguien, aunque sea molestia…
Norber no pudo
hablar más. Agarró a su amiga por los hombros y caminando despacio con respeto
hacia la desconocida desparramada en las vías, se alejaron con rumbo a la
parada más cercana resignados a aguantar la espera, el retraso, los apretujones
y protestas de los demás pasajeros.