martes, 5 de octubre de 2010

La Vernisage

Luis está diferente, como conectado pero de lejos. Aún está shockeado por lo del viejo.
Entre el tema de las luces, el listado de obras y sus precios para el galerista, las invitaciones de último momento, el vino, las copas, los mozos, la noche previa solo logró dormir dos o tres horas… el peso de todo sobre sus hombros.
Se levantó tarde, cerca del mediodía, y apenas logró modular una voz normal llamó a Eva y le pidió que dejara a los chicos con alguien y que fuera a la exhibición. Necesita a alguien familiar,… necesitaría a su vieja, en realidad.
-… ¿venís no?, dice él.
-Sí, quedate tranquilo, veo como me arreglo con los chicos, responde ella.
Entra a bañarse y repasa en su cabeza esa lista interminable de inconformidades.
Va a haber mucha gente. Todo tan íntimo y tan iluminado.
No tiene tiempo de secar los azulejos del baño y se siente mal por esto. Deja, como es sistemático en él, la toalla húmeda sobre la cama y más tarde lamentará no vivir con una mina que le rompa las bolas con esto. Se ríe para si mismo al tiempo que se viste y recuerda todas esas frases de mujeres de tres letras que pasaron por su vida.
De pronto se da cuenta de la hora.
-¡Dale que llegás tarde, cabeza!
-Si, ya voy, me pongo perfume, cierro las puertas y las ventanas, la llave del gas, vuelvo a mirar…
-Daleeee
Llega a la galería y ser el centro de la atención, por una vez, es demasiado.
-…es un tipo muy ecléctico en su producción artística y trabaja tanto en escultura como en joyería.-dice el galerista a un tipo que no conoce pero que intuye es un crítico de arte de algún diario.
-…los trabajos en metal son lo mejor que este joven artista a presentado en esta nueva muestra, se destacan también las pequeñas piezas en arcilla que forman parte de una nueva serie más intima que las presentadas en sus anteriores muestras…-dicta una flaca muy bonita con pinta de yanqui a su pequeña grabadora digital.
Se sorprende cuando  entre los primeros que llegan ve al Chino que se acerca a saludarlo. El Chino y su novia.
-¡Que bueno que viniste, perdón, que vinieron! Contame un poco, ¿Cómo te fue en el Chaltén? No, no me hables del viejo…si, los chicos vinieron… nada, no hicimos nada, ni velorio ni una mierda, nada…dale, si, ya sé que vos lo querías mucho…pero, contame del Chaltén. ¿Fuiste con ella? Tan linda y montañista… ¡Qué suerte que tenés Chino! Ahora me voy a tener que conseguir otro compañero… Dale boludo, venite a casa a tomar unos mates… No, no quiero hablar del viejo…Planeemos un viaje, algo, ¿si?
-Mirá ahí, llegaron los chicos.
Entran Marcos con su el hermano y el Gordo con unos cuantos kilitos menos.
Se saludan, se abrazan, se recriminan. Pasa un mozo y Luis lo para con un gesto
-Che, tómense unos vinitos, ya que no van a comprar nada…
-Yo si. - Dice el hermano de Marcos. -Me encanta esa que parece un perro muerto.
-¿Estás seguro? Mirá que la reservo, ¿eh? -dice verdaderamente sorprendido Luis.
-Si, seguro, me encanta. Además vi cuando la hiciste, me gusta mucho, me conmueve, dice el otro.
¿Si? ¿De verdad?... Bueno, hablá con el pelado aquel que es el galerista y que le ponga un puntito rojo.
De pronto hay tanta gente que Luis está mareado. Los temas se mezclan: el viejo, los críticos, los amigos del viejo, los precios. Muchos lo saludan por su muestra, otros le dan el pésame por su viejo.
Ya se han vendido tres de las cuarenta piezas. La de granito negro no se vende ni se cuenta.
Ya recorrió la galería hablando de las obras unas cien veces, ya lo interrumpieron ciento ochenta veces más. Está cansado.
Ve llegar a Eva. Lo abraza afectuosamente, sin pasión. El lo percibe, pero ella vino y con eso le alcanza.
Eva conoce a todos. Con el Chino son amigos, cosa que a Luis le provoca un poco de celos, pero secretamente se ufana de ser padrino de esa amistad, herencia de los años que estuvieron juntos. Se quedan charlando un rato hasta que se acercan otros y la saludan.
-Hola Eva, ¿cómo estás?
-Hola Norber
-Están buenas las de metal, ¿viste? Yo me compré esa, la del perro muerto… ¿no está buenísima?... ¿Viniste sola? ¿Estás sola? ¿Querés vino? -Al hermano de Marcos le brillan los ojos un poco por el vino y otro poco por Eva, siempre estuvo un poco enamorado de ella.
-Si, si, Nor. Bueno, después nos vemos ¿si? -Dice Eva.
Se abre camino entre la multitud, al pasar al lado de Luis le aprieta afectuosamente el hombro con la mano, como para reconfortarlo.
El está con un grupo de viejos, todos amigos de su padre. El velorio en la vernisage.
-A tu viejo le hubiera encantado este laburo.
-¿Te parece?-dice Luis, levantando una ceja. -Nunca mostró mucho interés por lo que yo hacía.
-Pedro siempre nos hablaba con orgullo de vos y de todo lo que hacías, -dice otro de peluquín, felpudo de coco, detalle decorativo calzado al descuido como si fuera una boina sobre la calva.
-A mi el viejo nunca me dijo nada, es más, siempre me hablaba de tus hijos y de lo buenos que eran.
- y, bueno, todos somos un poco así…-dice el otro con un suspiro.
Luis baja la vista cansado y abraza al viejo de costado. Se va a donde lo vio a Carlos, solo, mirando la de granito negro.
-Escuchá pibe, ¿qué es esto? Acá dice que es tu viejo… pero no le veo el parecido. Lo mira risueño mientras señala con un ademán la escultura sobre el pedestal en el que se lee “mi viejo”.
-¿De verdad? -Pregunta Luis con ironía.
-Está buena, te estoy jodiendo. ¿Estás bien? Sabés que podés venir a casa cuando quieras ¿no? Marga dice que vengas a comer… yo le dije que no teníamos que estarte encima, pero si querés podemos ser unos plomos de verdad.
Luis y Carlos se ríen juntos, se quieren. Carlos siempre fue la familia que no conoció, Marga lo más cercano a una madre. Incluso cuando Luis dejó de hablarse con su padre, visitaba a Carlos y a Marga una vez por semana y cuando era chico, Marga le hacía hasta las tortas para sus cumpleaños.
Luis pregunta por ella.
-Está muy dolorida de la espalda. Me pidió que te diga que el jueves que viene te vengas a cenar, si querés con los chicos, pero que le reserves una media hora de charla a solas con café y algo rico que quiere cocinar para vos.
Luis está un poco mejor. De pronto en la puerta ve una cara familiar.
-¡Ava, linda, tanto tiempo!
Se abrazan. Ella está acompañada. A él le da la mano. Él se va a recorrer la muestra. Luis se queda unos minutos con Ava. Se miran. Sabe lo que ella le dice sin palabras y ella, sabe las respuestas de él.
-Te extraño, dice Luis mirándola directamente a los ojo.
Lo mira de costado y le dice:
-No me boludees, yo también te extraño, te quiero mucho, pero no, no nos hacemos bien.
-Pero lo hacemos re-bien. -Dice el y los dos se largan a reír como dos chicos.
-¿Cómo te enteraste de la muestra?
-Él es un aficionado al arte y cuando me contó de tu muestra no lo podía creer… le conté un poco de nuestra historia y se mostró más interesado aún por venir. Que linda sorpresa verte después de tantos años.
-¿Cómo fue que no seguimos en contacto? -Pregunta Luis sabiendo la respuesta.
-Tus hijos. -Responde ella y se va a saludar a Marcos.
La gente se va disipando de a poco. Solo quedan los diez borrachos que van a todas las inauguraciones de los jueves. Se ve que la de Luis fue la última de circuito.
Los amigos del viejo se fueron. Carlos se fue con la promesa de Luis de pasar el jueves pero sin sus hijos. El galerista está feliz, medio borracho y con un puntito rojo en la frente.
De a poco, se van juntando los que quedan en el centro del salón: el Chino y su novia, Marcos, Ava y el novio, Eva, el hermano de Marcos, el Gordo que no puede parar de reírse del conjunto.
-El viento nos juntó acá en el medio, -dice Luis que levanta la copa para brindar con esa familia de locos que logró formar.
El resto siente lo mismo.

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