En las manos de Adolfo se ven, se siente,
sus sufrimientos.
Lo intrincado de las articulaciones
vaticina caminos más difíciles de los ya andados.
Vi sus manos y lo primero que se me vino a
la cabeza fue “¿qué hay detrás de esas manos?”
Me divirtió pensar que quizás habría una
mente tan caótica como sus articulaciones.
No pensé en un accidente, porque la
deformidades de raíz y no por la pérdida fortuita de un dedo.
Pensé lo peor. Que sus propios
pensamientos, sus deseos oscuros impulsaron el crecimiento tortuoso, para hacer
de ese tocar, de ese alcanzar, algo mucho más repugnante.

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