No responde a una actitud augusta
simplemente a un buceo obligado
en busca de unas reliquias,
sobrevivientes de grandes fuegos,
sobrevivientes de pequeñas fogatas.
Esas reliquias, brillantes u opacas,
no más grandes que un diente de leche
y tan inocentes como estos.
Aún perdida,
los tesoros en las manos
sigo nadando en el agua turbia
sin saber dónde subir a respirar
sintiendo cada vez más
la opresión del aire que falta.
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