XV
La mañana se augura hermosa. Llegan desde el mar olores salados, soleados verdes y amarillos. La voz de Marga se escucha desde la cocinita. Marga que todas las mañanas canta como si la vida valiera la pena. Se acerca a él pensando que está dormido y él la sorprende con un beso. Disfruta del aliento a café y del contacto con su piel bronceada.
-Llamó Rosa, dice que llega el sábado en el vuelto de las tres.
Él se levanta y mira por la ventana su jardín de suculentas mientras sorbe el café. A las once tiene que estar en la pequeña galería que maneja en el centro de Palma, tiene una reunión con cuatro artistas que prometen. Después vuelve a casa para preparar la comida de la noche, es su cumpleaños y vienen unos amigos de su mujer y su tío a cenar. Cumple treinta, pero parecen más.
Hace ocho que dejó Buenos Aires cuando su mundo se desmoronaba, ocho años en los que no pasa un solo día sin recordar a su amigo, sus pecados, la familia que dejó ahí y con la que nunca más habló. En ocasiones, cuando da sus clases de pintura y ve en otros los mismos sueños que el había tenido, una mueca singular se burla de este viejo joven y de la melancolía de la que nunca conseguirá despojarse del todo.
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