lunes, 24 de octubre de 2011

Capítulo XIII y Capítulo XIV

XIII

Rosa lo sube a su auto, sin dejarlo protestar. Alfonso intenta preguntarle algo, pero ella está determinada.
-Vamos al hospital a ver como está tu amigo. Esto es jodido, vos no abrís la boca, dejame a mi que yo me encargo. ¿Cómo se llama, Cristian cuanto?
Alfonso responde con un hilo de voz, sentado en el asiento del acompañante con la mochila aún colgada en la espalda y la campera desencajada por el cinturón de seguridad, lo que le da un aspecto de paquete mal envuelto.
Rosa lo mira. Tiene más cara de nene que nunca.
Ella es buena para esto, siempre sabe como responder en situaciones críticas. Maneja y se maneja con seguridad, decidida, así no da lugar a ninguna intervención, sus respuestas son siempre cerradas. Está a cargo.
Antes de entrar al hospital, después de estacionar el auto a una cuadra lo agarra a Alfonso de las dos orejas y le ordena:
-Respirá ahora, vos solo hablás cuando yo te lo digo y vamos a ver que averiguamos. No nos vamos a quedar mucho, solo lo suficiente para saber que es lo que tenemos que hacer.
Alfonso asiente con un pestañeo, respira profundamente y se baja del auto.
Adentro, Rosa pregunta por Cristian, dice que es la tía, prima de la madre, que de casualidad se enteró porque se estaba yendo de viaje y quería chequear como estaba el pibe. Un policía la lleva aparte y habla un rato con ella, y ella gesticula, se agarra la cabeza, dice…
Alfonso solo escucha palabras sueltas: “¡Pero cómo!... un horror, yo le dije… yo se lo traigo… si mi prima viviera… ¿usté cree?...”
El policía parecía intimidado por la fuerza de la pequeña mujer. Finalmente ella dice:
-Quiero verlo.
-No se puede.
-Soy su única familia. Quiero verlo. ¿Llamó a un abogado?
-No, ahora está en terapia, ayer tuvo una recaída, una “infección” dijo el doctor.
-No me importa, nadie me avisa nada, quiero saber como está, quiero sacarlo de este lugar, llevarlo a un sanatorio mejor.
El policía la aparta de la puerta, la lleva del brazo y le sigue hablando. Ella se suelta y lo increpa.
-¿Dónde está el responsable de esto? ¿Qué pasó con ese hijo de puta?
Alfonso mira la escena, sin decir palabra. Se acerca a la puesta de la habitación. Está tentado de escabullirse, quiere que su amigo lo vea.
Finalmente Rosa y el policía se acercan, y es ella esta vez la que lleva al otro del brazo.
-Yo le agradezco mucho esta atención, nosotros tenemos que volver a Uruguay, pero antes me gustaría dejarlo tranquilo, que sepa que va a estar bien.
El policía les abre la puerta y se queda ahí parado, con intensión de quedarse pero ella lo manda para afuera con un gesto.
Cris está ahí tendido pálido pero le brillan los ojos cuando los ve entrar. Ella le hace un gesto para que no hable. Alfonso se acerca y le agarra la mano, como si estuviera ido. Su amigo lo mira, quiere hablar pero no puede, Rosa no lo deja.
Al rato cuando ella se va al baño Cris aprovecha y le dice con un hilo e voz: “Cuidate. No tenés que venir a verme. Tengo miedo”
A su amigo se le cierran los ojos y a el se le oprime el corazón. La despedida es terrible, le promete que va a volver, el otro niega con la cabeza, ella los separa.
-En una semana te saco de acá y te mando un abogado. No le digas nada a nadie –dice ella.

XIV

La semana siguiente es una tortura. Alfonso no puede dejar de enmarañarse la cabeza, apenas come, no duerme, siente que lo siguen. Le deja un toco de dinero a Rosa, ella va a ser su administradora si es que tenía que irse. El martes se la pasa sacando cosas de la pensión, deja muchas cosas en lo de Rosa, sobre todo las pinturas y los materiales. Pero como había estado viviendo escuetamente lo más difícil de mover es el dinero. Esconde algo en el auto, algo entre su ropa y deja una buena cantidad en lo de Rosa, por si Cristian necesita algo de eso para los abogados o la fianza.
Los días pasan y sabe que tiene que dejar la pensión, su madre ahora lo llama día y noche, se ve que algo presiente. Solo el miércoles a la mañana la atiende y escucha unos cinco minutos de reclamos. Ella le pregunta que qué mal le había causado como para que la tuviera tan abandonada, que a una madre no se la trata así, que el padre estaba mal, que parecía que el destino se confabulaba contra ella. Finalmente llora. El no sabe que decir, parado con el teléfono en la oreja lo único que siente es molestia. Le dice que no se preocupe, que está bien, que ahora no puede ir a verla. Ella le retruca algo de un dinero que no va a poder hacérselo llegar. El se enoja, le grita que el dinero no lo necesita, que no necesita nada de ella. Corta.
El jueves piensa en su futuro, en el arte, habla con Rosa de esto, pero ella le dice que tenia que hacer como si nada sucediera, que podían hacer la muestra de todas formas. No hacia falta que estuviera presente. El quisiera poder disfrutar del momento pero su paranoia se lo impide. Se pasa el día pensando en las posibilidades de su futuro. A la noche, avisa en la pensión que se va, y el gordo lo mira contento cuando le tiende el fajo de billetes. Le increpa que debería haberle avisado.
Esa sería su última noche en la pensión, se instalaba unos días en lo de Rosa hasta que esta le consiguiera un departamentito para alquilar.
Al día siguiente por la mañana, agotado por dormir de a ratos desayuna unos mates cuando le suena el celular y es Rosa. Ya su timbre de voz evidencia una mala noticia y sin que le dijera nada sabe que es sobre Cris. Las piernas le tiemblan, su mundo se resquebraja y puede oír como se desmorona. Rosa le dice que en diez minutos lo pasa a buscar.

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