IX
Las cosas siguieron bien casi por un año, pero con el tiempo empezaron a surgir algunos problemas con el producto, con el Belga que cada vez pedía más plata y estaba más volátil. Incluso había llegado a amenazar a Cris con pegarle un tiro porque se le ocurrió que lo pautado era otra cosa, que ellos trabajaban para él y que había que eliminar a alguien de la ecuación porque la recaudación no le parecía suficiente. También estaba el problema de que cuando viajaba, nunca sabían cuando iban a contar con la entrega, ya que solía desaparecer por más de dos semanas, incluso hasta llego a quedarse un mes entero en el que tuvieron que hacerse humo de la escena nocturna al menos por un tiempo.
Para empeorar las cosas, un par de “clientes” habían conseguido el teléfono de Alfonso y lo llamaban a toda hora, en horarios insólitos, para que les vendiera uno o dos papelitos más. Alfonso tuvo que dar de baja ese teléfono y conseguir un número nuevo… el vendía cuando llegaba, solo a gente que conocía, no a extraños, tenía mucho miedo y estaba más paranoico que nunca.
Por otro lado y a pesar de las amenazas Cris estaba cada vez más tranquilo, y más descuidado. Había invertido en arreglar su casa, compró muebles nuevos, cambió la cocina, se compró un televisor gigante, un auto nuevo, organizaba fiestas en las que podía ir quien quisiera y siempre pagaba… siempre fue un tipo generoso pero estaba haciendo cosas de nuevo rico y en la casa empezaron a circular grupos de personas que apenas conocía, amigos de la abundancia.
Alfonso no podía hacer nada al respecto, por el contrario, el había tomado una actitud diametralmente opuesta a la de su amigo: se había quedado en la pensión, apenas se había comprado algo de ropa y andaba en un autito usado que llamaba la atención por lo viejo y descolorido. Solo en la noche, se rodeaba de gente, y no seguía ninguna rutina de modo que cuando lo veían se alegraban porque les había llegado “la salvación”.
En lo artístico, las cosas habían mejorado, sus pinturas habían mejorado, incluso le habían ofrecido hacer una serie de imágenes de tango para un salón de milongas para turistas en San Telmo. Su producción aunque no era numerosa, tenían temas y estilo que podrían ser exitosos en algunas galerías conocidas pero el seguía queriendo exponer en un círculo más cerrado, por eso se había encaprichado con Rosa.
A su vez, Rosa se había vuelto más benevolente, hasta maternal aunque Alfonso seguía sintiendo rechazo por la mujer dado que en la vida nocturna no le faltaban mujercitas preciosas que se le ofrecían por nada. De todas formas Rosa se había vuelto su obsesión. La mujer lo buscaba, le había ofrecido una expo con dos artistas más, dos de los chicos más brillantes de su taller y se sentía obligado a responder a sus coqueteos.
Había pensado cómo hacer para no quedar expuesto, nuevamente, no tenía otra salida más que aceptar la propuesta solapada de ser su amante, pero por solapada, no estaba tenía una prueba palpable de lance de Rosa, aunque las connotaciones de las invitaciones a cenar, a quedarse después de las clases, a ir un fin de semana a Punta del Este, eran inequívocas…
Finalmente, al borde de un ataque de ansiedad, decidió consultarlo con Cris, esa noche, salió caminando para la casa de su amigo con la cabeza totalmente metida en su problema, con una sensación extraña, como de que algo malo le iba a pasar. Tenía decidido hacer lo que su amigo le aconsejara y así recorrió las pocas cuadras que lo separaban de la casa de Cris. Cuando llego a la esquina vio un patrullero en la puerta y a los vecinos que chusmeaban desde una distancia prudente, murmurando en grupos y moviendo negativamente la cabeza. A unos 50 metros vio que tirado en el piso estaba el Belga, esposado, con la cara contra el piso y moviéndose como un gusano. Unos metros más allá estaba la ambulancia con otro hombre acostado en una camilla con una montaña de trapos ensangrentados en el abdomen. Antes de llegar lo paró una chiquita linda de unos quince años con los ojos demasiado maquillados y un pantalón demasiado ajustado.
-No te acerques –le dijo y le tomó con firmeza el brazo.
Alfonso miró sus uñas negras, largas, como pequeñas garritas.
-Se peleó con el loco, dicen que por plata, y ahí nomás el loco agarró un tramontina y se lo clavo como tres veces en la panza, dicen los vecinos. Va a estar bien, pero no te acerques que también encontraron droga, te van a llevar a vos también.
Los gritos del Belga cuando lo metieron en el patrullero llamaron nuevamente su atención sobre la tan temida escena. Grupos de policías de civil entraban y salían de la casa de Cris, sacaban bolsas negras, como de basura, llenas de lo que el sabía era dinero y cocaína, pura.
Cris era leal, no le preocupaba que lo fueran a buscar a el. Se sentía defraudado, porque justo cuando más necesitaba el apoyo y el consejo de su amigo, el destino se ensañaba nuevamente con el y lo alejaba. Su enojo con Cris lo turbaba, ya que le había advertido sobre sus excesos, sobre la locura de manejar todo desde su casa, de seguir tratando en ese loco.
Quería, tenía que ayudarlo, pero no sabía como, un manto negro lo cubrió y le impidió ver lo que ocurría, no tenia a nadie en quien confiar, nadie.
Se abrazó a la chiquita y se puso a llorar como un niño.
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