lunes, 3 de octubre de 2011

La frustración

No veo la meta y el peso somnoliento en las ojeras
estira la cara en un gesto hastiado.
Las flores cercanas, exquisitas y simples observan desde el jarrón, inútiles
a pesar del perfume dulce e invitante, que sensual intenta cautivarme.
Los pájaros en el árbol lanzan cantos alegres, trinos primaverales que no encuentran resonancia en mi espíritu sordo y barrenado
que deambula en las profundidades contrapuestas al aire primaveral
al que elogian éstos con su armonía.
El silencio y la oscuridad se arrastran sobre la voluntad
que impávida se deja vencer mientras, raíces nudosas como manos muertas
la toman desde las vísceras y sin asco estrujan y desordenan
mezclando humores de distintas índoles.
Esas mismas raíces sucias
acarician el pelo limpio, con olor a viento,
untándolo de opacidad,
mete los dedos entre los labios y roban el briíllo de los dientes
y el perfume a menta de las encías.
Manos que hurgan en las articulaciones y me detienen,
paralizan el movimiento, anquilosan
y enmohecen los sutiles pasos de danza.
Las puntas, como uñas resquebrajadas y sucias, lastiman las retinas,
desgarran los párpados por dentro.
Frustración, anhelo que escapa en el último suspiro,
que no es final, solo pausa.
¿Cómo empezar de nuevo?

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