¿Tenía razón Nietzsche cuando decía que ya que el hombre sufre tanto, este se ve obligado a hacer uso de la risa? Sino cómo es posible enfrentar en toda su plenitud las muertes, los suicidios, la locura, la guerra, la política o la desigualdad? Con inconsciencia uno puede acceder a la visión desde otra perspectiva de esas cosas que son difíciles de reconocer. La inconsciencia es uno de los elementos clave del humor negro, y por esta razón es sumamente útil y funcional a la visión de la realidad sin caer en un profundo pozo depresivo.
Para que el humor sea negro, también es absolutamente necesario lo políticamente incorrecto, lo irrespetuoso, lo sarcástico y hasta lo rebelde.
Quizás sea el adolescente en mi lo que me atrae a este tipo de humor, porque me reconforta la rebelión en contra de todos esos valores o formalidades de los que pocos se animan a reírse.
Una contradicción. La risa me enfrenta a una contradicción. ¿Cómo reírnos de lo trágico? ¿Cómo armarnos de la insensibilidad para hacerlo? Tragedia trocada en comedia. ¿Se podrá dilucidar el mecanismo por el cual uno puede dejar de caer y destruir lo que duele y riendo despedirlo para siempre?
El primer paso es desapegarnos, ver el mundo con una visión irónica, quizás cínica, mentirosa.
Dicen que el medio natural de la risa es la indiferencia, por lo que nos debería importar tres velines los convencionalismos sociales, y a través de la comedia, aflojar esa rigidez que nos impone lo cotidiano.
Me sorprende, una y otra vez, que el sarcasmo logre resaltar aquello que nos resulta difícil de admitir o de ver y a través de ese mismo sarcasmo hacer todo más humano, ¿una ironía?. No, es un juego histérico, es un quiero saber ahora pero no; develar con límites, con claroscuros… y así ser capaces de reírnos ahí en donde nos duele, pero en tercera persona.
No hay comentarios:
Publicar un comentario