miércoles, 12 de septiembre de 2012

La garza (a La Gaviota con cariño)


La garza (a La Gaviota - Acto II con cariño)

La quinta en Pilar es amplia, aunque han loteado el terreno y ahora hay dos vecinos más que miran el pequeño lago artificial. Cae la tarde que se refleja en el lago y en los ventanales de la gran casa que a duras penas conserva la opulencia pasada. Aún se percibe el calor sofocante del día. Bajo el tilo, toman mate Norma, Rudi y María. Rudi lee.

Norma le pide a María que se pare a su lado tan solo un momento, e interrumpe al bueno de Rudi para preguntarle cuál de las dos es más joven. Norma se enorgullece de su aspecto jovial, que cultiva con esmero y alguna que otra mentira al pronunciar su edad.

Rudi responde un distraído pero convincente “Usted, ¿quién más?” mientras le guiña un ojo con poco disimulo a María que empieza a parecer molesta por lo que intuye se viene.

Norma dice: -Ya ves querida… Sabés porque parezco más joven aunque tenga el doble de tu edad, ¿eh, nena? Porque me muevo, trabajo, me rodeo de gente joven, creo en el amor… ¿y vos? Vos estás todo el tiempo acá, sola, metida adentro, no salís nunca. Tenés que mirar para adelante nena, como hago yo.

María se mira las manos con los hombros caídos y responde: -Que querés Norma, yo siento el peso del tiempo como algo inmenso sobre los hombros. Podría ir a Buenos Aires, sin embargo tengo días en los que no puedo ni levantarme de la cama, me siento como atrapada en esta chacra, tanto que ni me saco el pijama. (Se desploma en el banco con un gran suspiro triste).

Rudi distraído silba bajito un tango.

Norma, implacable sigue sin prestarle atención a ninguno de los dos: -Yo no, yo siempre tengo que estar impecable, arregladísima, con un buen perfume que me levante el ánimo, con mis tacos, el pelo planchado, sino me siento mal. Jamás salgo de la casa sin maquillarme y nunca me van a ver, como dice la gente, “de entre casa” porque no existe en mi léxico. (Y se pasea mientras habla con la raqueta de tenis en una mano, mostrando sus piernas perfectas y su cintura de quinceañera, aunque la piel de su cara y de sus manos dicen otra cosa). -¿Decime si no puedo representar cualquier papel, incluso el de mi propia hija?

Rudi interrumpe para anunciar que va a seguir con la lectura. Norma le saca el libro de las manos y busca el lugar en el que habían quedado y comienza a leer, rápidamente, salteando párrafos, como para ella pero vocalizando algunas frases cortadas: -es peligroso fomentar y mimar a los novelistas… es como criar ratas en una despensa…cuando una mujer se encapricha con un escritor y quiere conquistarlo… mediante elogios, amabilidades y favores…

Los otros no comprenden nada y ella explica burlona: -¡Eso acá imposible! Acá si una mujer intenta algo con un escritor es porque ya está perdidamente enamorada de el. Mirá si no miento y señala a Marcelo que sigue de cerca a Nina y a Pedro que se acercan del brazo.

Pedro le dice a Norma, su hermana: -Se fueron los plomos, tenemos tres días para disfrutar.

Nina se sienta junto a Norma y la abraza afectuosamente a modo de agradecimiento, su familia se fue, y dice: -Me siento feliz, ¡Gracias!

Pedro la mira y le dice a Norma mientras mira amoroso a Nina: -¿No está divina?

Norma: -Sí, encantadora, muy bonita. ¡Lindo! (y le da un beso en la frente) Pero basta de piropos, no vaya a ser que se los crea. ¿Dónde está Alex?

Nina: En el lago.

Norma: -¿No se aburre? –y sin esperar una respuesta sigue leyendo.

Nina le pregunta que está leyendo pero Norma le responde que Maupassant es un fraude, cierra el libro y le pregunta: -¿vos sabés que le pasa a mi hijo? ¿Está deprimido? Se la pasa en el laguito ese haciendo no se qué… apenas lo veo últimamente.

María, que estaba ahí como ausente comenta: -Está mal. (Y le pide a Nina que cuente aunque sea un pedacito de la obra).

Nina: -¿De verdad? ¡Es que es tan aburrida!

María apenas puede reprimir lo que siente: -Es que cuando Alex lee, los ojos le brillan de una manera… tiene una voz triste que estremece y sus gestos son los de un poeta romántico…

De fondo se oyen los ronquidos de Pedro. Norma y Rudi lo despiertan: -¡Pedrito, Pedrito!

Discuten sobre la salud de Pedro que a los sesenta y pocos siente que ya no vale la pena hacer ningún esfuerzo. No quiere dejar de fumar ni comer sano, le resulta incómodo y le parece que eso de cuidarse es una nueva moda burguesa.

Rudi lo reta y aclara: -No, Pedro, no son tonterías burguesas, estas debilidades a las que te entregás no hacen más que  profundizar ciertas debilidades de tu carácter. Como el alcohol… toma posesión de tu voluntad y a la larga la pagás.

Pedro: -A vos te resulta tan fácil hablar porque tu vida siempre fue, por decirlo de alguna forma, agradable, plena. La mía no tanto, siempre acá, en la chacra, al menos en mis últimos años quiero vivir a mi antojo, por eso es que me doy mis permisos.

Rudi: -Pero viejo, es una boludez quejarte de tu edad y de tu salud y no llevar una vida sana. Darse gustos es otra cosa, carajo.

María interrumpe para anunciar el almuerzo. Norma se queja del aburrimiento rural.

Nina y Pedro le dan la razón: -Ay si, nada mejor que las luces del centro.

Pedro enumera: -Todo organizado: la secretaria que te administra la vida, el teléfono que siempre anda, la proximidad, todo se puede solucionar en el marco de dos horas, sin embargo acá te lleva dos horas llegar a cualquier parte.

Ahí nomás deciden volver a la capital, pero el capataz les informa que ninguno de los dos vehículos está disponible.

Norma no da crédito a lo que escucha: -¿Pero qué pasa acá, acaso no hay remises? No, no, no. Hoy mismo soluciono esto, o como que me llamo Norma que me vuelvo a pie.

El administrador avasallado, amenaza renunciar. Norma se siente insultada. Nina no puede creer que alguien le diga que no a Norma. Norma se va hacia la casa visiblemente enojada y todos salen detrás de ella como un séquito.

               

Nina sale al jardín y junta flores. Habla sola o piensa en voz alta: -Es tan raro ver llorar a una mujer como Norma,… por algo sin importancia. Por otro lado, este escritor, tan famoso, tan popular y conocido que aparece no solo en los diarios sino que también en los programas de entretenimiento de la tele y ¿qué hace?, se la pasa pescando y escribiendo una vaya a saber qué en su agendita… y yo que me imaginaba a la gente famosa como seres especiales.

Se acerca Alex con un pájaro muerto en la mano y le dice: -Estas sola, ¿no? (Tira a sus pies el hermoso pájaro blanco, inerte)

Nina: -Y si, ¿no ves? Pero… ¿qué es este bicho que me dejás acá?

Alex: -La maté con el rifle de aire comprimido. La maté y ahora me siento horrible…

Nina lo mira inquisitivamente, toma el pájaro con asco y lo observa.

Alex: -Pronto voy a estar muerto como ese bicho.

Nina: -¡¿Qué?! ¿Qué te pasa? Vos estás tan cambiado…

Alex: -Sí, pero sólo porque vos cambiaste primero. Estás distinta ahora… no me das más bola, me da la sensación que te estorbo… (La mira con ojos tristes, vencidos)

Nina: (sin notar en absoluto la mirada de Alex, con la vista clavada en el ave) Es que todo te molesta, te enojás de nada, no te entiendo, estás muy críptico, misterioso. Estoy segura que este pájaro significa algo, pero no tengo idea de qué (pone la garza sobre el banco del jardín al lado del rosal antiguo) ¡es que soy demasiado tonta para entenderte!

Alex, absorto en sus propias cavilaciones responde: -Todo empezó la otra noche cuando mi obra fracasó. Ustedes las minas no toleran el fracaso. Si supieras lo mal que me siento… y encima me tratás así. Recién dijiste que eras muy tonta como para entenderme… pero qué es lo que no se entiende, ¿eh? ¡Mi obra fracasó! ¡Eso! ¡Me despreciás por lo que hago y encima, ahora es como si yo fuera uno más del montón! (se da vuelta y patea un sapo que estaba tratando que no lo vieran) Una mierda mi intelecto. ¡A la mierda con esto y con mi orgullo!

Por entre las flores se acerca Marcelo con un libro que parece estar leyendo. Alex lo nota y dice enojado: -Pero ojo ¿eh? Que ahí viene el genio (y se burla del andar del escritor) ¡No ves! Ni te miró pero ya sonreís con solo verlo llegar. (Se va visiblemente enojado)

Nina: -¡Bueno! ¡Buenos días Sr. Marcelo Tosh!

Marcelo: -Parece que todo empeoró, ¿no? ¿Nos vamos hoy de buenas a primeras? Lástima. Te parece que nos juntemos nuevamente, es que no es común encontrarse con mujeres como vos. Además, ya ni se como son las chicas de tu edad, ni como se sienten… no logro ni imaginármelo… Me gustaría ser vos, aunque sea por un par de horas…

Nina (visiblemente interesada): -A mi también me gustaría volver a verte.

Marcelo: -¿Para qué?

Nina: -Para saber que se siente ser vos, un escritor de éxito, inteligente… famoso ¿qué sentís, qué se siente salir en todos lados, que todos te admiren?

Marcelo: - mmm... quizás nada. Nunca me lo pregunté pero me parece que te equivocás. La fama no se siente.

Nina: -¿y cuando lees las críticas de tus libros o de tus obras en los diarios?

Marcelo: -El halago siempre es agradable y la crítica me pone de muy mal humor.

Nina: -¡Tu vida debe ser un sueño! ¡Si supieras lo que te envidio! ¡Que cosa son los destinos! ¡Algunos tenemos una existencia aburrida y común y otros como vos, tienen la vida más interesante que me puedo imaginar! ¡Que suerte tenés!

Marcelo: -¿yo? Vos me hablás de felicidad y una vida espléndida, pero para mí esas son solo palabras, como esos bombones de fruta que se ven lindos y que nunca como. Sos realmente generosa conmigo.

Nina: -¡Pero no te miento! ¡Es que tenés una vida genial!

Marcelo: -¿Qué le ves de genial? (mira su reloj pulsera) Tengo que escribir algunas cosas urgentes. Me tengo que ir. (Ríe) Es que me diste en mi punto débil… y ahora no me puedo ir y abandonar esta charla. A ver como te lo explico… Debés saber lo que es una idea fija, esas que te siguen día y noche, cuando comés y cuando dormís. Bueno yo vivo dominado por mis ideas fijas, tengo que escribir, tengo que… Ni bien termino una novela, o un libreto, sin saber bien por qué, tengo que empezar otra, sin respiro, y no puedo hacer otra cosa. Escribo como un poseso, sin descanso. ¡Mirá vos que vida la mía!  Todo puede ser material para la novela, todo, desde el olor del este rosal, hasta una nube, cada palabra que usted diga, o las mías, no importa, tengo que conservarla porque puede aportar algo a lo que escribo. Así cada cosa que veo o vivo, tengo que ir corriendo a escribirla, y seguir y seguir. Todo puede ser un nuevo argumento. ¿Vos pensás que mis amigos y conocidos me tratan como a una persona normal? No, siempre la pregunta, el reclamo, la expectativa. Toda la atención que me brindan es una farsa, en el fondo me tratan como a un loco… un día de estos me van a encerrar en un manicomio, con mi lápiz y mi anotador… Me carcome la paranoia. Nunca conocí a mis lectores, pero creo que están en contra mío. Me obsesiona la reacción del público, los negros me odian y los rubios me ven con indiferencia.

Nina: -Pero el proceso creador ¿no te da satisfacción?

Marcelo: -Si, mientras escribo la paso bien. Cuando corrijo los textos también. Pero en cuanto la obra sale para la imprenta, la odio instantáneamente. Creo que es una porquería, que no merece ser publicada. Desearía no haberla escrito, me enojo y me deprimo. (Ríe como para si mismo) Y luego viene el público y te dicen que tenés talento, que sos un capo, o que está bien pero no a la altura de Pauls o de Tolcachir. Y me imagino que cuando me muera en el mármol sobre mi tumba se va a leer “Aquí yace Marcelo Tosh. Escritor, pero no tan bueno como Pauls.”

Nina: -No, no, no, me niego a seguirte en esto. Me parece que estás malcriado por el éxito.

Marcelo: ¿De qué éxito me hablas? No me gusta mi propia obra. En ocasiones, que no son pocas, no entiendo lo que quise decir. Me encanta lo que vivo y lo que veo y trato de plasmarlo, pero no puedo ser un simple paisajista. Como escritor tengo un deber social. Pero solo me dedico al paisaje y en el resto, en lo real, en la vida, soy falso como un billete de tres dólares.

Nina: -Es que trabajás demasiado. Tendrías que reconocerte tus propios méritos, no te das tiempo para disfrutar los logros. Mirá, yo por la felicidad de ser escritor, o de ser actriz en mi caso, soportaría el desprecio de mi familia, la pobreza, la desilusión… Sufriría y reconocería mis defectos, ¡pero a cambio exigiría la gloria! (Nina mueve los brazos, enfática, casi con lágrimas en los ojos, poseída por la emoción)

Se escucha la voz de Norma desde la casa: -Marceeeelooooo, Marceeeelooooo.

Marcelo: -Me llaman. Tengo que armar el bolso. Pero me quedaría acá charlando. Este lugar es tan lindo.

Nina: -¿Ves esa casa de allá, del otro lado del lago? Bueno, esa casa perteneció a mi mamá. Me crié ahí. Toda mi vida está ligada a este lugar.

Marcelo: -¡Que lugar tan lindo! (de pronto nota la garza en el banco) pero, ¿qué es esto?

Nina: - Una garza. La mató Alex, el hijo de Norma.

Marcelo: -Qué lindo pájaro. De verdad que no tengo ganas de irme. ¿Por qué no hablas con Norma y la convencés de que se quede? (agarra la libreta y toma notas)

Nina (un poco contrariada por la falta de atención): ¿Qué estás escribiendo?

Marcelo: -Nada, nada. (Esconde la libreta casi como un niño) Se me ocurrió un argumento, algo corto: en un lago vive una chica desde la infancia. Está unida al lago como podría estarlo esta garza, es libre y es feliz como ellas. Pero un día viene un tipo y porque si, la destruye, como han destruido a este pobre animal.

Norma: -Marceloooo, ¿dónde estás?

Marcelo: -¡Ya voy! -Se aleja hacia la casa, pero se da vuelta y mira a Nina. Cuando llega al lado de la ventana donde está Norma le pregunta: -¿Qué pasa?

Norma: -¡Nos quedamos!

Nina, sola en el jardín reflexiona hacia el público: ¿Estaré soñando?

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