La garza (a La
Gaviota - Acto II con cariño)
La quinta
en Pilar es amplia, aunque han loteado el terreno y ahora hay dos vecinos más
que miran el pequeño lago artificial. Cae la tarde que se refleja en el lago y
en los ventanales de la gran casa que a duras penas conserva la opulencia
pasada. Aún se percibe el calor sofocante del día. Bajo el tilo, toman mate
Norma, Rudi y María. Rudi lee.
Norma le
pide a María que se pare a su lado tan solo un momento, e interrumpe al bueno
de Rudi para preguntarle cuál de las dos es más joven. Norma se enorgullece de
su aspecto jovial, que cultiva con esmero y alguna que otra mentira al
pronunciar su edad.
Rudi
responde un distraído pero convincente “Usted, ¿quién más?” mientras le guiña
un ojo con poco disimulo a María que empieza a parecer molesta por lo que
intuye se viene.
Norma dice:
-Ya ves querida… Sabés porque parezco más joven aunque tenga el doble de tu
edad, ¿eh, nena? Porque me muevo, trabajo, me rodeo de gente joven, creo en el
amor… ¿y vos? Vos estás todo el tiempo acá, sola, metida adentro, no salís
nunca. Tenés que mirar para adelante nena, como hago yo.
María se
mira las manos con los hombros caídos y responde: -Que querés Norma, yo siento
el peso del tiempo como algo inmenso sobre los hombros. Podría ir a Buenos Aires,
sin embargo tengo días en los que no puedo ni levantarme de la cama, me siento
como atrapada en esta chacra, tanto que ni me saco el pijama. (Se desploma en
el banco con un gran suspiro triste).
Rudi distraído
silba bajito un tango.
Norma,
implacable sigue sin prestarle atención a ninguno de los dos: -Yo no, yo
siempre tengo que estar impecable, arregladísima, con un buen perfume que me
levante el ánimo, con mis tacos, el pelo planchado, sino me siento mal. Jamás
salgo de la casa sin maquillarme y nunca me van a ver, como dice la gente, “de
entre casa” porque no existe en mi léxico. (Y se pasea mientras habla con la
raqueta de tenis en una mano, mostrando sus piernas perfectas y su cintura de
quinceañera, aunque la piel de su cara y de sus manos dicen otra cosa). -¿Decime
si no puedo representar cualquier papel, incluso el de mi propia hija?
Rudi
interrumpe para anunciar que va a seguir con la lectura. Norma le saca el libro
de las manos y busca el lugar en el que habían quedado y comienza a leer,
rápidamente, salteando párrafos, como para ella pero vocalizando algunas frases
cortadas: -es peligroso fomentar y mimar a los novelistas… es como criar ratas
en una despensa…cuando una mujer se encapricha con un escritor y quiere
conquistarlo… mediante elogios, amabilidades y favores…
Los otros
no comprenden nada y ella explica burlona: -¡Eso acá imposible! Acá si una
mujer intenta algo con un escritor es porque ya está perdidamente enamorada de
el. Mirá si no miento y señala a Marcelo que sigue de cerca a Nina y a Pedro
que se acercan del brazo.
Pedro le
dice a Norma, su hermana: -Se fueron los plomos, tenemos tres días para
disfrutar.
Nina se
sienta junto a Norma y la abraza afectuosamente a modo de agradecimiento, su
familia se fue, y dice: -Me siento feliz, ¡Gracias!
Pedro la
mira y le dice a Norma mientras mira amoroso a Nina: -¿No está divina?
Norma:
-Sí, encantadora, muy bonita. ¡Lindo! (y le da un beso en la frente) Pero basta
de piropos, no vaya a ser que se los crea. ¿Dónde está Alex?
Nina: En
el lago.
Norma: -¿No
se aburre? –y sin esperar una respuesta sigue leyendo.
Nina le
pregunta que está leyendo pero Norma le responde que Maupassant es un fraude,
cierra el libro y le pregunta: -¿vos sabés que le pasa a mi hijo? ¿Está
deprimido? Se la pasa en el laguito ese haciendo no se qué… apenas lo veo
últimamente.
María, que
estaba ahí como ausente comenta: -Está mal. (Y le pide a Nina que cuente aunque
sea un pedacito de la obra).
Nina: -¿De
verdad? ¡Es que es tan aburrida!
María
apenas puede reprimir lo que siente: -Es que cuando Alex lee, los ojos le
brillan de una manera… tiene una voz triste que estremece y sus gestos son los
de un poeta romántico…
De fondo
se oyen los ronquidos de Pedro. Norma y Rudi lo despiertan: -¡Pedrito, Pedrito!
Discuten
sobre la salud de Pedro que a los sesenta y pocos siente que ya no vale la pena
hacer ningún esfuerzo. No quiere dejar de fumar ni comer sano, le resulta
incómodo y le parece que eso de cuidarse es una nueva moda burguesa.
Rudi lo
reta y aclara: -No, Pedro, no son tonterías burguesas, estas debilidades a las
que te entregás no hacen más que
profundizar ciertas debilidades de tu carácter. Como el alcohol… toma
posesión de tu voluntad y a la larga la pagás.
Pedro: -A
vos te resulta tan fácil hablar porque tu vida siempre fue, por decirlo de
alguna forma, agradable, plena. La mía no tanto, siempre acá, en la chacra, al
menos en mis últimos años quiero vivir a mi antojo, por eso es que me doy mis
permisos.
Rudi:
-Pero viejo, es una boludez quejarte de tu edad y de tu salud y no llevar una
vida sana. Darse gustos es otra cosa, carajo.
María
interrumpe para anunciar el almuerzo. Norma se queja del aburrimiento rural.
Nina y
Pedro le dan la razón: -Ay si, nada mejor que las luces del centro.
Pedro
enumera: -Todo organizado: la secretaria que te administra la vida, el teléfono
que siempre anda, la proximidad, todo se puede solucionar en el marco de dos
horas, sin embargo acá te lleva dos horas llegar a cualquier parte.
Ahí nomás
deciden volver a la capital, pero el capataz les informa que ninguno de los dos
vehículos está disponible.
Norma no
da crédito a lo que escucha: -¿Pero qué pasa acá, acaso no hay remises? No, no,
no. Hoy mismo soluciono esto, o como que me llamo Norma que me vuelvo a pie.
El administrador avasallado, amenaza renunciar. Norma
se siente insultada. Nina no puede creer que alguien le diga que no a Norma.
Norma se va hacia la casa visiblemente enojada y todos salen detrás de ella
como un séquito.
Nina sale
al jardín y junta flores. Habla sola o piensa en voz alta: -Es tan raro ver
llorar a una mujer como Norma,… por algo sin importancia. Por otro lado, este
escritor, tan famoso, tan popular y conocido que aparece no solo en los diarios
sino que también en los programas de entretenimiento de la tele y ¿qué hace?, se
la pasa pescando y escribiendo una vaya a saber qué en su agendita… y yo que me
imaginaba a la gente famosa como seres especiales.
Se acerca
Alex con un pájaro muerto en la mano y le dice: -Estas sola, ¿no? (Tira a sus
pies el hermoso pájaro blanco, inerte)
Nina: -Y
si, ¿no ves? Pero… ¿qué es este bicho que me dejás acá?
Alex: -La
maté con el rifle de aire comprimido. La maté y ahora me siento horrible…
Nina lo
mira inquisitivamente, toma el pájaro con asco y lo observa.
Alex:
-Pronto voy a estar muerto como ese bicho.
Nina:
-¡¿Qué?! ¿Qué te pasa? Vos estás tan cambiado…
Alex: -Sí,
pero sólo porque vos cambiaste primero. Estás distinta ahora… no me das más
bola, me da la sensación que te estorbo… (La mira con ojos tristes, vencidos)
Nina: (sin
notar en absoluto la mirada de Alex, con la vista clavada en el ave) Es que
todo te molesta, te enojás de nada, no te entiendo, estás muy críptico,
misterioso. Estoy segura que este pájaro significa algo, pero no tengo idea de
qué (pone la garza sobre el banco del jardín al lado del rosal antiguo) ¡es que
soy demasiado tonta para entenderte!
Alex,
absorto en sus propias cavilaciones responde: -Todo empezó la otra noche cuando
mi obra fracasó. Ustedes las minas no toleran el fracaso. Si supieras lo mal
que me siento… y encima me tratás así. Recién dijiste que eras muy tonta como
para entenderme… pero qué es lo que no se entiende, ¿eh? ¡Mi obra fracasó!
¡Eso! ¡Me despreciás por lo que hago y encima, ahora es como si yo fuera uno
más del montón! (se da vuelta y patea un sapo que estaba tratando que no lo
vieran) Una mierda mi intelecto. ¡A la mierda con esto y con mi orgullo!
Por entre
las flores se acerca Marcelo con un libro que parece estar leyendo. Alex lo
nota y dice enojado: -Pero ojo ¿eh? Que ahí viene el genio (y se burla del
andar del escritor) ¡No ves! Ni te miró pero ya sonreís con solo verlo llegar.
(Se va visiblemente enojado)
Nina:
-¡Bueno! ¡Buenos días Sr. Marcelo Tosh!
Marcelo:
-Parece que todo empeoró, ¿no? ¿Nos vamos hoy de buenas a primeras? Lástima. Te
parece que nos juntemos nuevamente, es que no es común encontrarse con mujeres
como vos. Además, ya ni se como son las chicas de tu edad, ni como se sienten…
no logro ni imaginármelo… Me gustaría ser vos, aunque sea por un par de horas…
Nina
(visiblemente interesada): -A mi también me gustaría volver a verte.
Marcelo:
-¿Para qué?
Nina:
-Para saber que se siente ser vos, un escritor de éxito, inteligente… famoso
¿qué sentís, qué se siente salir en todos lados, que todos te admiren?
Marcelo: -
mmm... quizás nada. Nunca me lo pregunté pero me parece que te equivocás. La
fama no se siente.
Nina: -¿y
cuando lees las críticas de tus libros o de tus obras en los diarios?
Marcelo:
-El halago siempre es agradable y la crítica me pone de muy mal humor.
Nina: -¡Tu
vida debe ser un sueño! ¡Si supieras lo que te envidio! ¡Que cosa son los
destinos! ¡Algunos tenemos una existencia aburrida y común y otros como vos,
tienen la vida más interesante que me puedo imaginar! ¡Que suerte tenés!
Marcelo:
-¿yo? Vos me hablás de felicidad y una vida espléndida, pero para mí esas son
solo palabras, como esos bombones de fruta que se ven lindos y que nunca como.
Sos realmente generosa conmigo.
Nina:
-¡Pero no te miento! ¡Es que tenés una vida genial!
Marcelo:
-¿Qué le ves de genial? (mira su reloj pulsera) Tengo que escribir algunas
cosas urgentes. Me tengo que ir. (Ríe) Es que me diste en mi punto débil… y
ahora no me puedo ir y abandonar esta charla. A ver como te lo explico… Debés
saber lo que es una idea fija, esas
que te siguen día y noche, cuando comés y cuando dormís. Bueno yo vivo dominado
por mis ideas fijas, tengo que escribir, tengo que… Ni bien termino una novela,
o un libreto, sin saber bien por qué, tengo que empezar otra, sin respiro, y no
puedo hacer otra cosa. Escribo como un poseso, sin descanso. ¡Mirá vos que vida
la mía! Todo puede ser material para la
novela, todo, desde el olor del este rosal, hasta una nube, cada palabra que
usted diga, o las mías, no importa, tengo que conservarla porque puede aportar
algo a lo que escribo. Así cada cosa que veo o vivo, tengo que ir corriendo a
escribirla, y seguir y seguir. Todo puede ser un nuevo argumento. ¿Vos pensás
que mis amigos y conocidos me tratan como a una persona normal? No, siempre la
pregunta, el reclamo, la expectativa. Toda la atención que me brindan es una
farsa, en el fondo me tratan como a un loco… un día de estos me van a encerrar
en un manicomio, con mi lápiz y mi anotador… Me carcome la paranoia. Nunca
conocí a mis lectores, pero creo que están en contra mío. Me obsesiona la
reacción del público, los negros me odian y los rubios me ven con indiferencia.
Nina:
-Pero el proceso creador ¿no te da satisfacción?
Marcelo:
-Si, mientras escribo la paso bien. Cuando corrijo los textos también. Pero en
cuanto la obra sale para la imprenta, la odio instantáneamente. Creo que es una
porquería, que no merece ser publicada. Desearía no haberla escrito, me enojo y
me deprimo. (Ríe como para si mismo) Y luego viene el público y te dicen que
tenés talento, que sos un capo, o que está bien pero no a la altura de Pauls o
de Tolcachir. Y me imagino que cuando me muera en el mármol sobre mi tumba se
va a leer “Aquí yace Marcelo Tosh. Escritor, pero no tan bueno como Pauls.”
Nina: -No,
no, no, me niego a seguirte en esto. Me parece que estás malcriado por el
éxito.
Marcelo:
¿De qué éxito me hablas? No me gusta mi propia obra. En ocasiones, que no son
pocas, no entiendo lo que quise decir. Me encanta lo que vivo y lo que veo y
trato de plasmarlo, pero no puedo ser un simple paisajista. Como escritor tengo
un deber social. Pero solo me dedico al paisaje y en el resto, en lo real, en
la vida, soy falso como un billete de tres dólares.
Nina: -Es
que trabajás demasiado. Tendrías que reconocerte tus propios méritos, no te das
tiempo para disfrutar los logros. Mirá, yo por la felicidad de ser escritor, o
de ser actriz en mi caso, soportaría el desprecio de mi familia, la pobreza, la
desilusión… Sufriría y reconocería mis defectos, ¡pero a cambio exigiría la
gloria! (Nina mueve los brazos, enfática, casi con lágrimas en los ojos,
poseída por la emoción)
Se escucha
la voz de Norma desde la casa: -Marceeeelooooo, Marceeeelooooo.
Marcelo:
-Me llaman. Tengo que armar el bolso. Pero me quedaría acá charlando. Este
lugar es tan lindo.
Nina:
-¿Ves esa casa de allá, del otro lado del lago? Bueno, esa casa perteneció a mi
mamá. Me crié ahí. Toda mi vida está ligada a este lugar.
Marcelo:
-¡Que lugar tan lindo! (de pronto nota la garza en el banco) pero, ¿qué es
esto?
Nina: -
Una garza. La mató Alex, el hijo de Norma.
Marcelo:
-Qué lindo pájaro. De verdad que no tengo ganas de irme. ¿Por qué no hablas con
Norma y la convencés de que se quede? (agarra la libreta y toma notas)
Nina (un
poco contrariada por la falta de atención): ¿Qué estás escribiendo?
Marcelo:
-Nada, nada. (Esconde la libreta casi como un niño) Se me ocurrió un argumento,
algo corto: en un lago vive una chica desde la infancia. Está unida al lago
como podría estarlo esta garza, es libre y es feliz como ellas. Pero un día
viene un tipo y porque si, la destruye, como han destruido a este pobre animal.
Norma:
-Marceloooo, ¿dónde estás?
Marcelo:
-¡Ya voy! -Se aleja hacia la casa, pero se da vuelta y mira a Nina. Cuando
llega al lado de la ventana donde está Norma le pregunta: -¿Qué pasa?
Norma:
-¡Nos quedamos!
Nina, sola
en el jardín reflexiona hacia el público: ¿Estaré soñando?
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