Cuando llega
al hotel internacional, un viejo lo mira
con descaro, parece gringo. El bronceado contrasta de manera patética con la
ropa blanca y la sonrisa. Demasiado blanco. Demasiado humectado. Una oleada de
repulsión le toma el pecho, pero igual le sonríe cuando se aproxima al
mostrador. Uno nunca sabe. El tipo tiene aspecto de estar forrado, pero por ahí
se equivoca, qué sabe el de eso.
Todo se reducía a
la maldita necesidad de dinero. Pagar la renta. Comer todos los días. Pasarle
algo a su madre, para el hermanito, para el alquiler, para los remedios, para
todo y a la vieja no se le ocurre ponerse a trabajar, total pedir es más fácil.
El hermanito ya está empezando a darse cuenta de algunas cosas, sin ir más
lejos, el otro día lo vio en la puerta del gimnasio del hotel haciéndose el lindo
con una jovata. Lo sacó de ahí de una patada en el culo. Más bronca le dio
porque había un viejo que lo miraba con cara de querer comérselo. Por eso le
pegó con ganas para que aprenda.
En la clase de
salsa, se encuentra con Leonor…y también con el viejo ese de la recepción. Los
dos se miden, Leonor adivina la intensión del otro, pero ella lo mira con cara
de estar segura que la elección es clara, pero igual lo mira a la espera de un
gesto definitivo. Carlos duda. Le molesta esta disputa. Es un pedazo de carne.
Toma a Leonor por la cintura y la apoya con intensión. El resultado es
inmediato. Leonor se pone radiante. Al pasar le hace un guiño al gringo, un
guiño cómplice, un guiño impostado. El gringo asiente con una inclinación de
cabeza y le muestra la tarjeta de la habitación con el número. Ya sabe a dónde
llamar.
Después de la
clase se va a lo de Leonor que siempre es buena para pagar y que le hace
regalos caros, le compra ropa... quizás deba cobrarle más caro. Leonor lo cuida
como un hijo aunque el se la garche como un salvaje.
Cuando vuelve al
hotel sube directo a la habitación del viejo bronceado. Necesita el dinero.
Cuando entra se encuentra con su hermanito, con su culito lampiño, mínimo,
apoyadito en la cama... Todo se reducía al dinero y era hora de que alguien más
arreglara las cuentas de mamá. Llega a escuchar una radio lejana
"...paises tropicales... mojada... caliente... pagando...
tropicales…"
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