Luis es un tipo loco, y por eso creo que me resulta atractivo. Loco es una forma fácil de definirlo, para que te voy a mentir. Me atrae esa dualidad extrema, me enamora su capacidad de irse a la mierda a la velocidad de la luz y con esa misma velocidad volver a ser algo parecido a un tipo coherente. Bueno, coherencia, coherente no es algo propio de Luis.
Luis lo tiene todo, locura, como cuando se pone furioso sin ningún motivo a la vista, porque le lavé dos platos sin preguntarle o como cuando estábamos muy entusiasmados por pasar un fin de semana en el Tigre y después de hacer todos los preparativos, a dos horas de salir y con los bolsos en la puerta, de repente, y casi con lágrimas en los ojos, me dijo que no quería ir, nada más; sabiduría, como cuando me sorprende con una claridad pasmosa con frases de señor mayor. Lo que digo es que a veces parece tener mil años, y otras veces puede tener cuatro años y medio como cuando se encapricha como un chiquito.
Ejerce en mi una atracción que no puedo dominar, me envuelve, pierdo la cabeza, no me importa nada, que te puedo decir a vos, que escuchaste mil veces las historias de Luis, los abandonos de Luis, las peleas con Luis.
Sus encierros siempre me resultan complicados, nunca los comprendí, pero tampoco quise participar porque me parecía algo tan intimo, algo que no puedo comprender, y creo que tampoco lo podría ayudar. Vos sabés como le gusta la música, al punto de tener el living lleno de guitarras, equipos de grabación, su colección de tambores, los vinilos, los CDs, ¿pero vos sabés que el viejo tocaba el violín con un grupo de amigos? Sí, me lo contó una vez y no te puedo explicar el nudo que se le hizo en la garganta cuando se acordaba de esto, no se, algo en el modo en que miraba por la ventana mientras hablaba.
Cuando se va a escalar, o a la montaña, como le dicen, me siento más tranquila. Se dónde está, de pronto siento que esa es una forma de estar solo, de verdad. No solo el ejercicio, ya te lo conté, vuelve y está más tranquilo, cansado, pero tranquilo, como en paz.
Por otro lado le encanta torturarse, necesita tener algo para sufrir, pero no se hace cargo, solo eso, sufre. Si, Luis lo tiene todo, pero no lo disfruta, lo sufre.
Como artista es increíble, creativo, apasionado, puede pasarse horas trabajando en la misma pieza con un amor enorme, para después romper todo y empezar de nuevo, porque no fue lo que él quiso que fuera, porque eso que vio no le gustó. Esto pasa muy seguido.
Es buen amigo, como yo con vos, pero diferente. Sus amigos son pocos pero lo entienden, lo consienten, lo adoran, siempre están, siempre, todo el tiempo, comparte todo, te pregunta, tense que contarle todo, porque después de todo soy tu amigo, dice; ellos dicen que no, que si o que se consiga una vida; el se enoja, luego entiende pero sigue enojado; él les dice que buen culo tiene la novia del Chino, el chino se enoja, el se vuelve a enojar, que después de todo somos hermanos, ¿no?, el cuenta lo que hacemos en la cama, en el baño, con terceros, ellos le dicen que está bien, que no cuente eso, que pobre mina (esa pobre soy yo) que va a quedar marcada porque le gusta garchar, el día de mañana puede ser tu novia, dicen ellos, el se ofende porque no lo entienden, él entiende lo que ellos dicen, pero no puede dejar de hablar.
Ellos están incluso entre él y yo, el Chino, Marcos y su hermano, el Gordo, Perú y el Gringo, entran y salen de la casa, sin pedir permiso, veo como él les demanda atención también, me siento testigo de esa relación de hermanos, sin limites y no la entiendo, pero no puedo dejar de ser espectadora, y algunas veces parte también de ese juego que Luis propone. Los quiere pero no puede evitar mandarlos a cagar dos o tres veces por semana, porque si.
Recuerdo mi primer encuentro con él, ¿te acordás? Una amiga, Ana, me había dicho que por qué no tenía una cita a ciegas, que ya que a mi me gustaban los jodidos, que tenía un tipo para presentarme que estaba segura me iba a encantar. ¿Te acordás?
Cuando lo vi me gustó. No es un tipo lindo, pero tampoco es feo. Lo vi venir, alto, delgado pero no del tipo atlético, sus ojos claros, tristes, me gustó por otra cosa, me gustó por desafiante.
Si, ya sé que te acordás. Te acordás que nos sentamos, que yo pedí una cerveza y que él agua con gas. Me miró con cara de pregunta: -¿Cerveza, a esta hora? Lo miré a los ojos y aunque su voz era reprobatoria, su mirada fue divertida. Le miré los labios, tuve ganas de morderlos.
Me contó de su música, de cuanto le importaba, de su escultura y de su pasión por las formas, de su pasión por el lenguaje, de las salidas a escalar, que empezaron casi como un accidente, cuando conoció al Chino y el le contagió esta otra pasión por la roca, de su viaje a Israel y de lo que sintió al caminar por el desierto, incluso de la relación que había tenido con mi amiga Ana y de cómo la había querido. Pensé que no necesitaba conquistarme, que yo no le gustaba y con eso dejo la pelota de mi lado de la cancha, “Get ready to rumble!” pensé, round uno. Después de mi segunda cerveza, me invitó a comer algo a su casa y yo ya me estaba riendo por dentro, ya pensaba en como daría el segundo paso. Creo que el me adivinó.
Cuando salimos del bar me agarro por la cintura y me dio un beso hermoso, cálido, suave pero extremadamente sexual. No nos volvimos a tocar por un buen rato, yo no tenía apuro. Caminamos, corrimos el bondi, charlamos de qué teníamos ganas de comer, yo no tenía hambre, la cerveza era suficiente, el no estaba decidido si pedir pizza o comida china. Bajamos del bondi, caminamos hasta la casa. Abrió la puerta del departamento de Larrea. Su compañero de departamento no estaba. Me senté en una banqueta al lado del espejo entre las guitarras y la ventana. El abrió una botella de vino tinto y sirvió una sola copa y la compartimos.
Esa noche no comimos nada. Solo fue sexo fuerte, varonil, cómodo y desinhibido. Después hablamos mucho, nos hablamos, seguimos jugando.
Que lindo es el sexo con Luis. Me encanta explorar sus inhibiciones, que son pocas.
Con Luis todo puede ser un juego.
Jugamos a que nos queremos, pero solo nos deseamos. Me gusta mucho este juego, pero también me hace sentir incómoda, vos sabés que no soy creyente, que cada vez que me dice que me quiere, no le creo, que cuando me inventó esa canción, casi me le río en la cara. Le gusta jugar al romántico, y algunas veces me hago la que está conforme con esa posición en el juego.
Luis tiene algo oscuro, que creo que tiene que ver con su pasado, por eso desaparece cada tanto. Va en busca de su yo sin voces. Te conté lo de su viejo y el violín, ¿no? Si, ya sé que te aburro con las historias tristes de Luis, de sus relaciones amor-odio como la que tiene con los chicos. Me llena de tristezas, miles de tristezas. Luis es como un tango.
Luis necesita que lo suyo sea suyo, necesita ser ese fulano misterioso, y lo prefiero así. Algunas veces me da miedo y soy yo la que pone distancia, vos sabés, se pone como un tango, sí un tango triste.
Creo que podría seguir así por mucho tiempo, con las idas y vueltas, sus otras minas, sus fábulas, te acordás cuando volvió de Perú y me dijo que me había visto en su futuro, que el chamán le dijo que estábamos conectados espiritualmente, decirme a mi eso, por qué, ¿no?. Si, podría seguir así, aunque a vos no te guste. Pero quedate tranquila, nena, porque cada vez que paso un par de días seguidos con él, me vuelve loca, me gasta, me manda a una montaña rusa emocional, que se yo, no se de qué otra forma decirlo, y de pronto me encuentro pensando que no quiero verlo más.
Hace ya unos cinco años desde aquel día en el bar, y si me preguntás que me pasa con él, creo que siempre voy a decir lo mismo, ya te lo dije, ¿no? Yo se que vos como amiga me querés y no querés que siga en este quilombo, que ya cinco años es suficiente. Ya se, que después de todo no lo quiero, pero es como el pucho, dejarlo cuesta un huevo, que para dejarlo te tenés que poner obse y no se si puedo dejar de sentir ese olor a Luis, de intoxicarme con él. ¿Será que me enfermé de Luis?
Si, poné la pava, mientras voy al baño y cambiemos de tema, ya tengo los ovarios al plato con Luis.
Cierro la puerta del baño, y sola, pienso en por qué Luis me enamora con su inconstancia, por qué me deslumbra con su oscuridad, y si, me resulta cómodo. Sí, cómodo y funcional a mi deseo de descubrir almas.
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